tratamientos del
agua en las plantas potabilizadoras o estaciones de tratamiento de agua potable.
Las aguas de pozo o manantial suelen ser transparentes, mientras que las aguas
superficiales como ríos o gargantas, suelen ser turbias debido al arrastre de partículas
insolubles. Para las aguas turbias, la eficacia de la desinfección mediante cloro es
menor que en las transparentes, ya que las partículas en suspensión, inorgánicas y
orgánicas del plancton, engloban bacterias y virus que el cloro no puede destruir.
La legislación española establece la determinación de la conductividad dentro del
análisis mínimo porque es un parámetro que nos permite conocer de |
una forma global y
rápida la mineralización de un agua. En el control de calidad, tanto del agua bruta como
distribuida para el consumo público, la medida de la conductividad, que depende de la
actividad y del tipo de iones del agua, proporciona la información necesaria para poder
detectar infiltraciones de aguas superficiales de mineralización diferente o detectar las
infiltraciones de aguas contaminadas.
El pH de un agua mide su acidez o alcalinidad. La escala de valores es de 0 a 14 unidades
de pH. Las aguas que tienen un pH inferior a 7 son ácidas y las superiores a 7 son
básicas.
Las aguas naturales rara vez tienen un valor de pH superior o inferior a los |
márgenes de
potabilidad. El pH de las aguas naturales se debe a los caracteres de los suelos que
atraviesa. Las aguas calcáreas tienen un pH elevado, las que discurren por terrenos
pobres en caliza o silicatos tienen un pH próximo a 7 o inferior, y las aguas de ciertas
regiones volcánicas suelen ser ácidas.
El conocimiento del valor de pH es importante, ya que influye en los procesos de
potabilización, cloración, coagulación, ablandamiento y control de corrosión.
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