"superenfriadas"
contienen gotitas de agua a temperaturas inferiores a la de congelación.
El movimiento de aire asociado al desarrollo de las nubes también afecta a su formación.
Las nubes que se crean en aire en reposo tienden a aparecer en capas o estratos. Las que
se forman entre vientos o aire con fuertes corrientes verticales presentan un gran
desarrollo vertical.
Las nubes desempeñan una función muy importante, ya que modifican la distribución del
calor solar sobre la superficie terrestre y en la atmósfera. En general, ya que la
reflexión de la parte superior de las nubes es mayor que la de la superficie de la
Tierra, la cantidad de energía solar reflejada al espacio es mayor en días nublados.
Aunque la mayor parte de la radiación solar es reflejada por las capas superiores de las
nubes, algo de radiación penetra hasta la superficie terrestre, que la absorbe y la
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emite de nuevo. La
parte inferior de las nubes es opaca para esta radiación terrestre de onda larga y la
refleja de vuelta a la Tierra.
El resultado
es que la atmósfera inferior absorbe, en general, más energía calorífica en días
nublados por la presencia de esta radiación atrapada. Por el contrario, en una día
claro, la superficie de la Tierra absorbe inicialmente más radiación solar, pero esta
energía se disipa muy rápido por la ausencia de nubes. Sin considerar otros efectos
meteorológicos relacionados, la atmósfera absorbe menos radiación en días claros que
en días nublados.
La nubosidad tiene una influencia considerable en las actividades humanas. La lluvia,
vital para la producción de plantas alimenticias, deriva de la formación de las nubes.
En los primeros tiempos de la aviación, la visibilidad estaba afectada por las nubes. Con
el desarrollo del vuelo con instrumentos que permiten al piloto navegar en el interior de
una nube grande, este obstáculo ha sido mitigado. El primer estudio
científico de las nubes se hizo en 1803, cuando el meteorólogo británico Luke Howard
ideó un método de clasificación de nubes. Lo siguiente fue la publicación, en 1887, de
un sistema de clasificación que más tarde sirvió de fundamento del conocido Atlas
Internacional de las Nubes de 1896. Este atlas se revisa y modifica regularmente y se usa
en todo el mundo.
Las nubes suelen dividirse en cuatro familias principales según su altura: nubes altas,
nubes medias, nubes bajas y nubes de desarrollo vertical. Éstas últimas se pueden
extender a lo largo de |
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La nubosidad puede influir en las actividades humanas. |
todas las
alturas. Estas cuatro divisiones pueden subdividirse en género, especie y variedad,
describiendo en detalle el aspecto y el modo de formación de las nubes. Se distinguen
más de cien tipos de nubes diferentes.
A continuación se describimos sólo las familias principales y los géneros más
importantes.
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Las nubes altas están compuestas por partículas de hielo, situadas a altitudes medias
de 8 kilómetros sobre la tierra. Esta familia contiene tres géneros principales:
o Los cirros están aislados, tienen aspecto plumoso y en hebras, a menudo con ganchos o
penachos, y se disponen en bandas.
o Los cirroestratos aparecen como un velo delgado y blanquecino; en ocasiones muestran una
estructura fibrosa y, cuando están situados entre el observador y la Luna, dan lugar a
halos.
o Los cirrocúmulos forman globos y mechones pequeños y blancos parecidos al algodón; se
colocan en grupos o filas.
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